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Milagros atribuídos a la Virgen

A la Santísima Virgen del Pilar se la tiene como muy milagrosa. De hecho, uno de los más significativos y espectaculares se obró en Miguel Pellicer, natural y vecino de Calanda (Teruel). Dicho Milagro es conocido como "El Milagro de Calanda", y acerca de él, se le da una calle en la ciudad. Concretamente la que queda en la fachada Este de la Basílica. (Junto al Ayuntamiento).

También se cuenta que la Reina Doña Blanca de Navarra, esposa de Don Juan II de Aragón, padecía una grave enfermedad que la mantenía postrada en cama y cercana a la muerte.

La Reina rezó a la Virgen con fervor y frecuencia. Ningún médico de su entorno daba crédito a su repentina curación. La Reina la atribuyó a la Santísima Virgen, a la que además tenía especial devoción.

Numerosos episodios ocurridos durante los Sitios de Zaragoza por los franceses, durante la Guerra de la Independencia, en los que vecinos sin ninguna preparación militar y armados con lo primero que cogían, (palos, cuchillos de cocina...) se enfrentaban con los soldados de Napoleón, dedicados al asalto y pillaje de viviendas, venciéndoles en muchas más ocasiones de las que podamos suponer. Actos que la historia cuenta como "Actos Heróicos de los zaragozanos y zaragozanas", y que muchos opinan que necesariamente debió interceder la Virgen para permitir aquéllas aisladas victorias.

Bombas sin estallar
Bombas sin estallar.

Se le atribuye la protección del Templo, durante la Guerra Civil Española, durante un bombardeo a la ciudad.

El 3 de Agosto de 1936, durante uno de estos bombardeos, cuatro bombas fueron arrojadas sobre la Basílica; rompieron por el peso el tejado donde cayeron, pero ninguna de ellas estalló. Hoy se exhiben colgadas en los muros del Templo, a los lados del Camarín de la Virgen, como prueba de aquél verdadero Milagro.

Desde luego que el día a día de todos sus devotos, e incluso de quienes se muestran dudosos a la creencia de ellos, conocerán de hechos que perfectamente podrán atribuirse a la Santísima Virgen como Obra suya.



El milagro de Calanda

He investigado este hecho, buscando en distintas fuentes. Tras lo cual, creo que el siguiente relato es totalmente ajustado a la verdad:

Miguel Juan Pellicer Blasco, conocido como "El Cojo de Calanda", fue nacido en aquélla localidad; Calanda (Teruel), en marzo de 1617. Segundo hijo de ocho hermanos de una humilde familia de labradores.

Se trasladó a Castellón, para vivir con un tío suyo, también dedicado a trabajar el campo. Al poco tiempo de estar allí viviendo, en Julio de 1637, conducían un carro cargado de trigo, tirado por dos mulas. Miguel cabalgaba montado sobre una de ellas; de repente, éste cayó al suelo con tan mala fortuna que el carro le pasó por encima de su pierna derecha fracturándole la tibia, que quedó machacada.

Al cabo de varios días, no pudiendo curar la pierna satisfactoriamente, lo trasladan hasta Valencia donde le ingresan en el Hospital Real. Se conserva en dicho hospital el libro de registro donde consta su ingreso con fecha 3 de Agosto de 1637. Parece ser que allí poco pueden hacer por rehabilitar la pierna destrozada. Miguel desea regresar a su tierra en vista de lo poco o nada que pueden hacer por él. Al cabo de cinco días de hospitalización, le autorizan a abandonar el centro para dirigirse a Zaragoza. El viaje duró nada menos que dos meses, parece ser que hay constancia documentada de tal viaje, datando la llegada con fecha Octubre de 1637, (comienzos de dicho mes).

La finalidad de su viaje era ingresar en el Hospital General de Ntra. Sra. de Gracia. Pero era un gran devoto de la Virgen del Pilar, por lo que antes de su ingreso en el hospital, decide hacer una visita a la Santísima Virgen, para orar ante ella.

Una vez en el hospital es atendido por un célebre cirujano de entonces, Juan de Estanga, Catedrático de Medicina de la Universidad de Zaragoza.

La pierna estaba en un penoso estado. Tan penoso que ya se encontraba gangrenada. Juan de Estanga se reúne con otros cirujanos colegas suyos, de igual prestigio, (Miguel Beltrán y Diego Millaruelo). No parecía posible detener la gangrena, con el peligro que esa circunstancia aparejaba; es decir, la muerte del paciente. Ninguno creía en la recuperación de la pierna, por lo que se decide amputarla por debajo de la rodilla.

Tras la amputación, entierran el miembro en el cementerio del hospital, acondicionado para ello.

La cura finalizaba con la adaptación de una pierna de madera; además le proporcionaron una muleta. Todo esto ocurría en la primavera de 1638; fecha en que se le daba el alta.

Pellicer no tenía nada, ni a quien acudir para subsistir; por lo que se vio obligado a recurrir a la mendicidad. Durante dos años estuvo en las puertas del Pilar pidiendo limosnas. Aprovechaba estar al lado del Pilar para oír Misa todos los días en la Santa Capilla; también aprovechaba para ungir el muñón de la pierna con aceite de las lámparas y así mitigar el dolor.

Finalmente decide regresar a Calanda. Cuentan que inicia el viaje a primeros de Marzo de 1640, llegando a casa de su madre el 29 de dicho mes y año.

A pesar de su invalidez, trabaja duramente en la casa. Aquélla noche dormiría en un improvisado lecho de serón de esparto cubierto con un pellejo, al lado del lecho de sus padres, ya que su habitación estaba cedida a un soldado que se alojaba en la casa.

Se habría acostado sobre las diez de la noche, quedando profundamente dormido. Sus padres entran en el dormitorio poco antes de las once; lo hacen con cuidado para no despertarle, y quedan sorprendidos al notar un aroma suave; aroma que no habían notado nunca antes. Bajo la débil iluminación de un candil, la madre se acerca a su hijo para comprobar cómo se encuentra.

Según se cuenta, lo halla dormido; pero no da crédito a lo que ven sus ojos:
Por debajo de la capa que le cubría, asomaban dos pies.

Le despiertan de su profundo sueño, y comprueban atónitos que la pierna amputada estaba en su sitio, y que ésta mostraba con claridad la cicatriz de la rueda de carro que le había pasado por encima, además de otra anterior procedente de la mordedura de un perro.

El 2 de Abril de ese mismo año, el notario de Mazaleón, D. Miguel Andreu, levanta acta de aquél increíble hecho.
(El original de aquélla acta se encuentra en el Archivo de Zaragoza.)

El día 25 del mismo mes, Miguel viaja a Zaragoza junto a sus padres, para visitar a la Virgen y darle las gracias por aquél gran Milagro.

El Rey Felipe IV tuvo conocimiento del hecho a través del Conde Duque de Olivares quien, a su vez fue informado de mano del Cabildo de Zaragoza, para que se celebrara un juicio esclarecedor de los acontecimientos.

En el proceso se tomó declaración a veinticuatro personas relacionadas directamente; entre ellas cinco Facultativos Sanitarios de los hospitales que intervinieron al paciente; entre los cuales tuvo especial trascendencia la declaración del Cirujano que amputó la pierna. También fueron llamados sus padres y vecinos de la familia que fueron testigos de la aparición de la pierna; completó la lista de declarantes un total de catorce personas más, entre Autoridades locales y Eclesiásticas, y vecinos de Samper de Calanda y de Zaragoza.

Tras deliverar a fondo el caso, la Iglesia decide reconocer como un verdadero Milagro de la Santísima Virgen la recuperación de esa pierna, con fecha 27 de Abril de 1641.

A finales del Siglo XVII se inicia la construcción de un Templo tomando como centro del mismo la habitación de la casa donde ocurrieron los acontecimientos citados, dedicado a la Santísima Virgen del Pilar.

Calle del Milagro de Calanda    Calle del Milagro de Calanda
Plano y calle dedicada al Milagro de Calanda.
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